Este palabro inglés ha pasado a formar parte de gran número de familias. No solo se ha popularizado su uso entre los adolescentes, sino que son ya muchos los adultos que deciden someterse a tal tortura. Normalmente su prescripción, suele estar motivada por deficiencias en el conjunto de los dientes que puede ocasionar distorsiones y futuras anomalías, más perjudiciales que el maltrato temporal que este dichoso aparato somete al que lo porta.
He comentado que su uso suele estar prescrito por un especialista en la materia, pero la decisión del adulto que se aviene a colocárselo ha de ser bien firme e inquebrantable.
El Sevilla FC lleva portando brackets desde que el “especialista” decidió que había que perfeccionar esa dentadura, puesto que no bastaban colmillos afilados, molares bien robustos y destructivos e incisivos cortantes como el más penetrante láser.
El Sevilla, decidió que había que adecentar esa sonrisa pícara, burlona, inteligente, atrevida, transgresora, ambiciosa, descarada, desafiante…. El “especialista” nos recetó para que nuestro éxito fuese completo, había que limar tantos picos, tanta irregularidad. La sonrisa del Sevilla debía acomodarse a la norma, teníamos que adaptarnos para que no nos mirasen con extrañeza. Nuestros dientes irregulares, desabridos, incómodos para la carne ajena, nos apeaban del Olimpo de la imagen de moda.
Y empezaron las visitas al dentista. Primero se arranca una muela, luego los colmillos, hasta algún incisivo ha caído. Después se colocan dos o tres fundas y hasta un puente tiene cabida en nuestra dentadura. Aún no era suficiente, una vez sometidos a la imagen, nos aconsejaron uno o dos injertos de esos de titanio, de los caros, pero al parecer imprescindibles. Y finalmente esos dichosos brackets.
Si bien, antes de ese retoque dental, nos atrevíamos con todos los tipos de alimentos, empezábamos por esas carnes duras y prietas, que para sacarles el sabor debíamos desenhebrar. Cada fibra de carne que conseguíamos digerir era un triunfo del que sentirnos orgullosos, nos alimentábamos. Nuestros dientes cumplían el fin primordial para el que la Madre Naturaleza nos los concedió.
Y como nos sentíamos tan confiados en nuestra potente dentadura nos atrevimos con las carnes más selectas, aquellas que siempre estuvieron vedadas para nosotros. Pero les hincamos el diente, aquellas presas las desgarramos, las trituramos, las deshicimos con nuestras dentelladas.
Ahora nos enfrentamos a uno de esos partidos en los que hace años nuestros dientes crujían al encontrarse frente a frente a otro maxilar de la m
isma tipología, dientes afilados, con aristas, amplios molares lisos de tanto masticar. En esos partidos siempre sabías que podías llevarte un mordisco (¿verdad Javi?) pero si te vencían no lo harían por dar más dentelladas que las que podíamos dar.
Este año y el pasado nos han devorado, equipos, muchos, demasiados. Nuestros dientes, los que tenemos ahora y los que hemos estado probando en este proceso de recambio bucal, estaban y están para sopas, cremas y como no, para comer pasta. Y ahora es cuando echo de menos aquellos dientes de antaño, tan primitivos, pero tan efectivos. Tan poco valorados, pero tan valiosos, tan rudimentarios pero tan efectivos
Con esos dientes, rivales como el de esta noche no me darían ningún miedo. Todo lo contrario. Sin embargo, al sevillismo para el partido de esta noche solo nos queda apretar los dientes, sin brackets, que duelen.
Fdo. Ignacio Moreno.
#ahoramasquenuncaSevillaFC
